Vacaciones

¡Allí estaba! Llevaba más de dos horas buscándola afanosamente.

Su mirada recorría una y otra vez la poca arena que había y sus manos levantaban todas las piedras que sus fuerzas le permitían hasta que por fin, la había encontrado. El sol estaba en lo alto y ella tenía los pies metidos en el agua y las manos arrugadas de tanto mar.

Tomó la preciosa concha entre sus manos con una avidez y firmeza reservada solo a la más preciada joya.

Ya podía emprender el camino de regreso, tenía en su poder una extraña caracola rosada por fuera y azul profundo en el interior. Eran piezas realmente especiales y muy difíciles de conseguir, claro había que venir al morro.

Levantó la vista de las piedras y su corazón empezó a latir muy deprisa. Había subido la marea y el camino de piedras hasta la costa había desaparecido bajo las olas. Tendría que ir nadando hasta la playa.

Abrió el escote de su bañador de flores y depositó con cuidado su tesoro. El bañador era muy ajustado al cuerpo, así que calculó que podría nadar sin que escapase la caracola.

A lo lejos, como un pequeño punto la veía ir y venir en la orilla, nerviosa intentando alcanzar con la vista dónde estaba. Si esperaba más tiempo sus problemas aumentarían con la poderosa resaca que se producía una vez que la marea alta llegaba a su fin. La corriente la sacaría mar a fuera, lo sabía.

No se lo pensó más y se lanzó al agua. Su pequeño cuerpo se movía de manera ágil pero poco efectiva para la distancia que tenía que recorrer. Pasaba el tiempo y veía que no avanzaba, siempre tenía la costa igual de lejos, siempre veía a Sandra igual de pequeña, que iba y venía en la orilla siguiendo segundo a segundo su nado. A pesar de aprovechar el impulso de las olas para desplazarse más rápidamente, no era suficiente.

“Recuerda, siete olas pequeñas y siete olas grandes; cuenta, no te distraigas” se repetía constantemente mientras iba con la vista fija en la playa, en la esperanza de ver que las figuras se hicieran más grandes, síntoma de que iba alcanzando su objetivo.

“Una, dos, tres…” contaba mentalmente, mientras de vez en cuando, se palpaba el pecho para asegurarse de que el motivo de su aventura estaba seguro.

De repente sintió que una fuerza sobrehumana la sacaba del agua y la lanzaba con fuerza dentro de lo que resultó ser una barca.

Cuando pudo levantarse y ver qué era lo que ocurría, se encontró cara a cara con aquel viejo pescador que muchas veces abastecía de pescado fresco a los restaurantes de la playa y que ella saludaba alegremente cuando se lo encontraba.

Como todos los negros, tenía unos ojos enormes, un poco saltones y que en ese momento eran los más grandes ojos de negro que ella había visto nunca.

-¡Qué hace usted por acá afuera, niña!

Al contrario de lo que se podría suponer el viejo pescador no le gritaba, todo lo contrario, le estaba hablando muy bajito, como si le estuviera contando un secreto.

-Mire, vea lo que va allá ¿La vio? ¡Mírelo bien!

En ese momento dirigió la mirada hacia donde apuntaba el dedo largo y arrugado de su compañero de barca y la vio.
shark
Era brillante y gris, se movía lentamente  mar afuera y dejaba una pequeña estela a su paso. Se dio cuenta de lo que había ocurrido y su enormes ojos verdes se abrieron hasta el infinito al mirar al viejo negro que la miraba reprobadoramente.

-Apenas lleguemos a la playa voy y se lo cuento a su mamá, niña. Usted no puede andar por aquí solita, porque mire lo que pasó, si yo no llego a estar por acá y veo la aleta, ahorita mismo usted sería uno más de los que se comen los tiburones todos los fines de semana.

Era una realidad con la que se convivía allí. Nunca pasaba nada, hasta que pasaba. Es el tributo que se cobra el mar Caribe, alguna que otra vez, cuando los bañistas despistados deciden alejarse de la orilla.

De repente sintió un frio enorme, empezó a tiritar y se llevó sus pequeñas manos, arrugadas del agua a la boca para calmar los escalofríos que sentía. El sol era radiante y no había ninguna nube en el cielo, pero ella sentía mucho frio de repente y la sal que chupaba le calmaba la sensación de miedo.

-¡Ay, no! Por favor, no le diga nada a mi mamá, por favor. Mire, yo ya estoy castigada como cuatro días sin salir de la casa y si va y le dice lo que pasó a mi mamá, me voy a pasar todas las vacaciones sin salir ¡Por favor!

Le prometo que nunca, nunca más vengo al morro.

Allí estaba ella con las manos juntas como si rezara, implorándole a su salvador que le guardara el secreto. El viejo mientras, remaba y la miraba dispuesto a dejar claro que estaba muy enfadado y que no aceptaría una falsa promesa.

Ella miró al suelo de la barca y vio la cantidad de pescados que llevaba aquel hombre. Con los nervios no se había dado cuenta hasta ahora.

-Oiga, usted si pescó bastante hoy ¿verdad?

-¡No se me vaya del tema, mijita! Exclamó el hombre desahogando la fuerza de sus palabras en los remos que manejaba con soltura. A usted casi se la come un tiburón por andar por donde no debía, y ahorita mismo me voy a decirle a su mamá lo que pasó.

Habían llegado a la orilla, él se había echado al agua y se afanaba en sacar la barca del agua empujándola hasta dejarla encallada en la arena. Ella también había saltado al agua y lo ayudaba empujando con sus pequeñas manos mientras lo intentaba convencer.

-¡Ya le prometí que no volvería! Por favor no le diga nada. Mire, ella me va a castigar como por cuatro días sin salir para ninguna parte.

El negro miró a Sandra y miro a aquella niña rubia de enormes ojos verdes que le imploraba su silencio. Sandra era ampliamente conocida en todos los alrededores y su fama había hecho que se inventaran historias de reencarnaciones y ánimas, muy típicas de allí. Era la guardiana de la pequeña y se la respetaba y se la temía sobre todas las cosas.

El viejo se puso en cuclillas para estar a la altura de la rubia del bañador de flores. Sus ojos se pusieron serios al extremo y un enorme dedo negro con envés blanco apuntó a la buscadora de caracolas.

-Como a usted se le ocurra volver una sola vez más al morro, me voy para su casa y hablo con su mamá y le digo que no la vuelva a dejar salir nunca jamás de la casa ¿¡oyó!?

Esto lo había dicho muy despacio y muy serio. Esperaba una respuesta y un ademán convincente.

Ella estaba dispuesta a satisfacer todas las expectativas de aquel hombre que le había salvado la vida

-¡Se lo juro por Diosito lindo, que nunca más me voy al morro!

Decía mientras hacía una cruz con su dedo pulgar e índice, la besaba y levantaba la cruz al sol. Al tiempo que esbozaba la sonrisa más agradecida que se ha dibujado en una cara.

Cuando el mar y la arena eran mi patio de juegos

Y a pesar de todo, ahora empezaba lo realmente duro.

-¡Ay, no te pongas así! Ya sé que me pasé de la raya, pero dime algo…

Sandra caminaba delante sin hacer el más mínimo ademán. No hubo forma de hacer que expresara alegría ó enfado. Ni siquiera se había acercado cuando había llegado a la playa y eso era mal síntoma. Ella sabía que le esperaban días muy aburridos en casa. Había traspasado los límites establecidos y eso era serio. Además tendría que inventar excusas de porqué no quería salir a ningún sitio.

Sandra llegó y se sentó debajo del enorme árbol de uva de playa que presidía el jardín. . De nada valieron los abrazos ni los mimos. No hubo soborno posible con las empanadas de maíz ni con los deditos de queso ni con las suculentas piezas de pollo sustraídas del sancocho.

Allí estuvo durante cuatro largos días sin moverse, indiferente a todas las carantoñas y preguntas de los adultos curiosos.

Ella tenía terminantemente prohibido moverse sin Sandra ni a la esquina, así que tocaba jugar a las muñecas. ¡Qué aburrimiento! Menos mal que estaban empezando las vacaciones.

La caracola durmió en la caja de los tesoros, pero no le gustaba mirarla; cada vez que lo hacía, veía una aleta gris moviéndose lentamente mar afuera.

 

 

 

35 pensamientos en “Vacaciones

  1. Paterfamilias

    Guau!, qué historia. Y dime, ¿qué edad tenías?

    Por cierto, la foto, preciosa y esa niñ (que seguri conoces bien ;-), guapísima

    Disfruta!!!

  2. Territorio sin dueño

    Ay qye angustia me has hecho pasar hasta que llega la barca, que mal rato.
    Relato precioso, y esa niña de la foto ¿que decir? un bellezón en toda regla, claro así salen luego los niños como salen, guapísimos.
    Muchos besos y disfruta mucho allá donde estés, pensaba que al final no participabas.

  3. Miguel

    Considero este relato, el prólogo (genial prólogo, por cierto) de lo que nos vas a contar a tu regreso. Así que ya me estoy relamiendo de guisto. Disfruta mucho para que nos hagas disfrutar a nosotros.
    Un beso.

  4. Macondo

    Qué precioso relato. Menos mal que se presuponía el final feliz.
    Ahora voy atando cabos. Qué monada de niña. Cómo no va a salir guapa la pelirroja. De tal palo, tal astilla.
    Besos.

  5. Medranica

    Historia muy bonita. Real o no. Que pena que solo puedan editar los que tienen padrino, por que tanto tu como mi santo, escribis cosas que se entienden. Claro que tenemos la suerte de poder leeros por lo menos los mas cercanos .Gracias.Besos.

  6. Emy Tecuento

    Lleno de colorido, intrigante y muy tierno a la vez, con un final exquisito… ¡me ha encantado!!
    Y por supuesto, como ignorar esa foto: ¡una ricura! 😀

    Miles de besitos, hoy tengo la sensación de estar dándoselos a la niña :)

  7. Joaquín Sarabia

    Vaya aventura, menos mal que estaba el pescador.
    Son momentos que cuando los recordamos nos parecen mentira, y lo curioso es que realmente los hemos vivido.
    ¡Bueno cómo ésta historia las han vivido pocas personas!.
    Un Abrazo :) .

  8. madreymas

    Ay, Dolega… menudo dramón… con final feliz, eso sí.

    Por fin sabemos el destino de tus vacaciones…

    Me ha encantado este post. Y tu foto… qué decir? Que por fin entiendo a quién se parece la Niña…

  9. Beatriz

    Qué bonito Dolega, Relato precioso y ahora la curiosidadd de saber los orígenes ciertos de la historia.
    Qué cara tan linda que tiene la nena. Un besote y enhorabuena!

  10. Mairló

    ¡Qué gran relato, Dolega!

    ¿Es autobiográfico?..¿eras tú esa niña que por una caracola rosazul casi se deja la vida?, yo afirmaría que sí porque los ojos de la niña de la foto están llenitos de caracolas de mar.. :)

    Qué preciosa es la niña que te habita!

    Un besito

  11. Bypils

    Tengo terror a los tiburones.Después de la peli ( en Barcelona nunca he visto uno. ; – ), me costaba hasta bañarme en la piscina de noche…Me cantaban la BSO y salía del agua, como un cohete…Ya lo he superado…Creo…
    Preciosas las tres cosas: relato, foto y …recuerdo ( espero que se conserve esa caracola)
    Un saludo.

  12. marga

    Pues yo lo que sé es que como no me traigas caramelos de café al regreso, le cuento a tu madre lo del tiburón, y ya tú verás.
    Ya decía yo que ese realismo mágico venía de otras tierras, otras gentes y otras leyes… ya lo sabía yo 😛
    Besos preciosa, que lo pases lindo en casa y que disfrutes mucho mucho mucho del mar, además que con tanto gimnasio asumo que estarás usando bikini.
    Tienes que contarnos más cosas de tu infancia.

    1. Marga

      fíjate que después de intuir que era Colombia, empecé a pensar ¿¿¿y no será Panamá??? que además fue parte de Colombia por un tiempo. Y mira tú que sí fue asi´… oye, mi mejor amiga es panameña, algo bueno tiene esa tierra, algo buenísimo.
      Besos enormes. Y disfruta.

  13. Azo

    No se cuanta parte de ficción hay en la historia, si la hay..Pero la forma en que lo relatas es lo cautivador y lo que hace que se desee que haya más.
    Me encantan esas fotos que nos traen al pasado de forma inmediata .
    Un beso

  14. alterfines

    Un relato rosado por fuera, y azul profundo en el interior jjj

    Buen viaje y ya nos contarás, porque si los relatos van a ser así, no cabe perderse ni uno.

    Un abrazo (por cambiar, que siempre son besotes)

  15. Arturo

    Dolega:
    Una anécdota que se convierte en una historia muy interesante y con un final sorprendente.
    Tu fotografía muestra la belleza de tus años niños y el gesto con que has salido en la imagen, demuestra tu carácter intrépido y tu inteligencia.
    Los niños hacen cosas muy peligrosas, no hay caso.
    Espero que disfrutes tu merecido descanso, que el estrés mata.
    Un beso.

  16. Jesus Tadeo Sila

    Para mí es un relato que se me ha quedado corto… Quiero decir que bien merecía ser el primer capítulo de una obra más extensa…
    Pero esa es la función del relato. Sentarnos unos precedentes y dejarnos al final con el regustillo en la boca de que debería de continuar… y continuarlo en nuestra imaginación.
    Creo que has cumplido con holgura.
    Gracias por este regalo que nos has traído hasta aquí… que no es la concha, sino las palabras que la rodean.
    Un abrazo.

  17. Piruja

    Hola dolega, una bonita historia la que nos cuentas y que intuyo es de tu niñez, esa niña era muy lista como esta visto lo sigue siendo de mayor, estas guapísima en la imagen, y ya con esa pose estas como diciendo “aquí estoy yo”, gracias:)

    Besos.

  18. Nergal

    Wow Wow. Realmente increible!!
    Si la introducción es así como será las vacaciones
    ¿Cuando dices que las empiezas? No es que me interesen , es para no perdérmelas más que nada.
    Un saludo

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