Salir a comer los Domingos

Chez Janou (Paris)

En casa, cada vez que decidimos salir a comer el domingo hay el mismo dilema existencial: Donde.

Yo veo al resto de familias del mundo, y salir a comer es un ejercicio agradable de ocio familiar. En mi casa se convierte en un esfuerzo digno de la presentación de una tesis doctoral en física cuántica.

Siempre empieza de la misma manera. Yo decido que no tengo ganas de cocinar, así que lanzo la piedrecita al agua que desencadenará una tormenta perfecta de nivel 9

-¿Porqué no salimos a comer?

-Vale, ¿Dónde? Me contesta el consorte.

-Pues no sé podríamos ir aquí cerca, donde Paco por ejemplo (Paco es el bar del pueblo de toda la vida) digo yo, que soy fácil de contentar porque en definitiva lo que no quiero es cocinar.

Pero no, la cosa ahora se ha convertido en una cuestión de estado.

Entra el niño, que no come así lo maten desde que nació y da igual donde vayamos, él llegará con un hambre tremenda pero a los cinco bocados estará que no puede más.

-¿Porqué no vamos al americano de la carretera? Me apetece hamburguesa.

Entra la niña, que se come lo que le pongas delante y cuando ha terminado con lo suyo está mirando a ver cómo te hace un trueque de comida por ayudar en el jardín.

-¡Hay no! Hamburguesa no, que a mí me sientan fatal ¿¡!? (¡Juro que a esta criatura, de comer, no le ha sentado mal nada en su vida!)

Para acabarlo de arreglar el consorte decide tirar por la calle de en medio:

-Pues vamos al chino…

El resto contesta como el Orfeón donostiarra: ¡NOOOOOO! Al chino, no.

-Pues si no hay acuerdo, alguien tendrá que decidir, porque a mí me da igual el sitio.(Mentira cochina)

Esa es la táctica del consorte para que al final, terminemos en el maldito chino.

Después de media hora de acalorada discusión acerca de las diferentes tendencias gastronómicas, la primera que cede como siempre es la niña.

-Pues vamos donde Paco, como dice mamá que encima está cerca y yo tengo hambre.

El niño, por supuesto no da su brazo a torcer.

-Tú sabes la cantidad de gente que hay hoy a esta hora? ¡No comemos ni a la cuatro!

Inmediatamente el consorte contraataca.

-Pues en el chino nos dan de comer en un plis plas.

Yo ahí, como Nadal desde el fondo de la pista, aguantando.

-Ya, el problema es qué nos dan de comer en el chino, porque yo cada vez que voy, estoy dos días como si hubiera comido piedras.

En ese mismo instante sucede lo inevitable, es matemático siempre es igual. El jodido niño mira a su puñetero padre y dice:

-Pues vamos al chino como dice papá. Y pone cara de “yo no he roto un plato en mi vida”.

La niña me mira y sonríe, le encanta el jueguecito pero a mí me pone de los nervios.

-¡huy, esto se pone interesante! Dice. Estamos empatados y somos cuatro así que ya me contareis… Como no desempate la gata que nunca iría a un chino, por si acaso…

El niño contraataca:

-Si vota la gata, vota el adoptado que a ese le da igual todo.

Además del logo de este blog, tenemos un gato que él se encontró recién nacido, en la universidad y yo sospecho que se nos ha quedado con la mente de un cachorro de dos meses porque es tonto perdido. Menos mal que lo queremos igual.

Miro al consorte con verdadero rencor y le digo sin miramientos:

-De verdad, pareces un político no tienes escrúpulos de ningún tipo. Que le has prometido al niño ¿eh?

El niño, que es un capullo, dice en tono divertido:

-Venga, si en el chino se come genial además si quereis, hago la reserva desde el Iphone.

Si las miradas mataran, esa criatura caería como un pichón cuando le meten un perdigonazo en la cabeza.

-Si interviene tu Iphone, vota mi Termomix. Digo sin vacilar.

La niña que es todo pragmatismo estomacal y ve que las negociaciones se van alargando, abre la nevera y coge un yogurt.

-Pues a mí no me gusta el chino, dice mientras se tapiña el tentempié, así que mejor decidimos otro nuevo.

Me veo en una segunda ronda de negociaciones porque no estoy dispuesta a claudicar.

De repente suena el teléfono y yo suplico a Dios y todos los ángeles que sea quién sospecho que es.

¡Aleluya, Aleluya Aleeeluya!

-Hola, somos Ana y Cía, que digo que estamos por aquí, que si os venís a comer con nosotros que vamos al asador del puerto.

-Claro claro, nos vemos allí le contesto.

Cuelgo y con actitud militar doy la buena nueva:

Que era Ana y Cía, que están por aquí y hemos quedado en el asador del puerto así que vámonos ya, que luego no encontramos sitio.

Antes de que puedan planear ninguna respuesta alternativa, la niña y yo ya estamos en el coche y metiendo prisa.

Si es que en el fondo, son como niños….

 

7 pensamientos en “Salir a comer los Domingos

  1. Susana

    Uf. Yo hay veces que he renunciado a salir por no ponernos de acuerdo sobre dónde íbamos. Ahora lo que hacemos es que nos vamos mi marido y yo solos. Un beso.

  2. Dessjuest

    Vaya, sorprendente, no lo que cuentas, que más o menos es el día a día de las salidas familiares de todo el mundo, sino el cómo, muy ameno de leer, divertido, usando las palabras justas y necesarias, las que usamos en el día a día vaya, suena más sincero todo, más creíble.

    Enhorabuena, gran post este, saludos y siempre te queda ponerles a ellos a cocinar 😀

    Saludos.

      1. Dessjuest

        Pues yo acabo de cocinar, y está todo como la patena 😀

        Es cuestión de entrenamiento, o de que no quede otra, como es mi caso, no estoy en el paro, pero como la mujer curra siempre de mañana pues nada, me toca.

        Lo cierto es que se nota que sois buena gente, eso es lo importante.

        Besos.

        1. admin

          Pues cuidate, porque eres una especie en vias de extinción.
          Tengo amigas que electrifican la entrada de la cocina antes del “vereis que paella más cojonuda os hago”.
          Un saludo

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