Recuerdo

La Puerta del Sol la nuit: le centre de Madrid

Llegó a la puerta del sol con parsimonia. A pesar del frío, estaba siendo un paseo agradable. La gente que iba y venía a su alrededor, le recordaba a las hormigas en torno a su hormiguero. Siempre había una frenética actividad en torno a los hormigueros. Le fascinaba cómo sus miembros hacían su trabajo de manera eficaz. No había nada que las desviara de su cometido, a no ser que fuera una acción violenta del hombre ó correctora de la naturaleza. De repente, sintió el irrefrenable impulso de cortar aquel ritmo monótono y eterno de gente en movimiento.

-Perdone, ¿Tiene hora?

El interpelado apenas bajó el ritmo de su paso, a la vez que echaba una mirada furtiva a su muñeca.

-Las nueve menos cuarto- contestó sin apenas levantar la cabeza y recobrando el ritmo de marcha inicial.

No tenía prisa, la verdad es que le quedaban al menos media hora de espera.

Levantó la vista de los adoquines y miró fijamente la enorme lona que cubría de arriba a abajo el edificio que tenía enfrente. Un gigantesco utilitario rojo se anunciaba como la solución a una felicidad aún por descubrir, escondida entre sus asientos y sus caballos metálicos listos para dar placer a raudales a todo aquel que se decidiera a poseerlo.

Metió las manos en los bolsillos de la gabardina a la que le había subido el cuello un minuto antes. En la derecha jugaba con el paquete de tabaco. Le daba vueltas haciendo que sus dedos fueran el eje sobre el que se movía sin parar la cajetilla de cartón.

El recuerdo de su larga melena se propinó una punzada de dolor. Volvió a ver sus cabellos cobrizos, brillantes y alborotados moviéndose al compás de sus caderas, bailando la danza del placer sobre su pecho.

Se miró los zapatos mientras giraba por la calle preciados. No estaban muy limpios, nunca los llevaba brillantes, como su pelo cobrizo.

Con la izquierda jugaba de manera nerviosa con el encendedor barato que hacía unas horas había comprado en un estanco. Era naranja, no le gustaba el naranja, pero la mujer no le había dado opción. Su mirada aburrida le había dicho que no estaba dispuesta a cambiarlo.

Hacía frío, pero seguía andando hasta su destino, ya estaba llegando. Se detuvo frente a la tienda de libros y la vio a través del cristal. Allí estaba, con su larga melena. Era hermosa, muy hermosa. Sus largas piernas, sus menudos pechos y esa forma de ladear la cabeza al sonreír, le daban un atractivo especial. Encendió un cigarrillo y empezó a recordar. Su cuerpo moreno abandonado al placer sin rincones ocultos, sus largas piernas enlazadas con las suyas y el abrazo profundo contra su cuerpo. Miró el cigarrillo entre sus dedos y aspiró una enorme bocanada de humo apretando el filtro entre sus labios, hasta que sintió que se quemaba.

Siguió mirando fijamente hacia la tienda. Ella sonreía y le alargaba un libro a un joven atractivo que le correspondía con entusiasmo al gesto y se iban los dos hacia el mostrador en animada charla.

Volvió a sentir la punzada de dolor al recordar su voz, sus suspiros, sus gemidos de placer doblada sobre su cuerpo.

¿Sería igual con ese joven, por ejemplo? ¿Podría ser igual con cualquier otro ó era solo así con él?

Un escalofrío recorrió su cuerpo y no supo determinar si era por el frío ó por la ira que sentía, pero lo acalló aspirando con fruición el resto del cigarrillo que le abrasaba los dedos. Lo tiró y piso la colilla con un odio que no había sentido nunca hasta ese momento. Tendría que limpiar los zapatos cuando llegara a casa, tendría que dejarlos brillantes como su pelo cobrizo.

Al instante, decidió no esperar a que cerrara la tienda. Había que acabar cuanto antes el tema, alargarlo era sufrir innecesariamente, era sentir esa punzada de dolor que cada vez era más profunda.

Empujó la puerta de cristal y las campanillas metálicas puestas para avisar de que alguien había entrado, empezaron a sonar alegremente. Ella se giró con un libro de arte en la mano. Era un libro enorme, de esos caros que tienen su valor en las láminas de pintores famosos que muestran y que apenas tienen letras que leer. Quizás unas breves descripciones de las famosas imágenes que llenan sus páginas.

Todo fue silencio, un corto y profundo silencio. Se cruzaron sus ojos una milésima de segundo antes de que los tres Surikens  volaran a velocidad de vértigo y se incrustaran estratégicamente en su cuello.

No tenía ganas de ver su cara de sorpresa ni sus ojos perdidos ni sus pulmones buscando aire mientras agonizaba, así que le dio la espalda y caminó despacio hacia la puerta acristalada. En ese momento, escuchó un sonido gutural que predecía una garganta llena de sangre y volvió a recordar su cuerpo, en un abrazo profundo exhalando gemidos de placer y la punzada de dolor se hizo insoportable y su mano, cobró vida propia y saltó del bolsillo de la gabardina a su cabeza, liberó el primer kanzashi  de su pelo y sin girarse siguiera, lo lanzó de manera certera a la mitad de su frente, liberó el segundo y con exquisita destreza de Kunoichi lo envió a sumergirse en el mismo centro de su pecho, entre esos senos turgentes que se restregaban hacía pocas horas sobre él.

Salió de la tienda con parsimonia, hacía frío y la calle, se iba quedando semivacía a medida que cerraban las tiendas. Sacó un cigarrillo, el encendedor naranja y se dispuso a saborear el tabaco despacio, como después del placer.

Ya no sentía la punzada de dolor. Ahora solo tenía en la mente el recuerdo. Ese maldito recuerdo de cuando entró en casa, de cuando los vio, de cuando pudo escuchar el placer de sus cuerpos en ese abrazo profundo enmarcado en aquella cabellera cobriza y brillante.

Su melena rubia, liberada de las armas de oro, se fue desenredando lentamente en su espalda y quedó perfectamente lisa y quieta igual que ella, mirándose los zapatos que tendría que limpiar cuando llegara a casa.

 

 

 

 

 

 

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44 pensamientos en “Recuerdo

  1. AleMamá

    Buen relato, con pillería; hay que leer con cuidado para no equivocarse sobre quién es el personaje descrito.

    Me parece que tus muchas horas de Nintendo con el Niño han dejado en ti un rico vocabulario japonés, pero no te imagino tirando mandobles con katanas.
    Besos

  2. Miguel

    Eso es. Yo te hago reir y vas tú y me pones el corazón en un puño. Me llevas y me traes por donde quieres y luego me sacudes en toda la boca con una rubia ninja.
    Y lo peor, es que me ha gustado.
    Un besazo.

  3. Analogías

    Buf! Sí, desde el primer momento me pareció que ese no era buena pieza merodeando y pensando en exceso. Nada bueno iba a hacer, y zas!

    Genial relato que te tiene cautivado desde el principio.

    Un abrazo.

  4. Yeste Lima

    ¡Qué habilidad! Casi tanta como tú manejando cuchillos.

    Pero para habilidad…habilidad, la tuya escribiendo.

    Es que eres buena en muchas cosas, jajaja.

    Besos

  5. Piruja

    Hola dolega, jo que malos son los celos y sus consecuencias, caray como se las gasta este, como para cruzarte con el y no decirle buenos días:), felicidades amiga ya que es un magnifico relato y me ha gustado muchísimo, te tiene enganchada desde el principio y eso lo hace buenísimo y a ti mas:)

    Besotes.

    1. admin Autor de la entrada

      ¡Gracias preciosa! Pero la verdad es que él, es inofensivo. Lo único que hizo fue echarse un polvo con la dependienta 😀
      Besazo

  6. asquerosamentesano

    Los celos, el instinto de posesión (¿o no es un instinto sino algo cultural?) y la venganza dan para mucho a nivel literario. Por cierto, los surikens me han retrotraído en el tiempo hasta la mítica serie “Kung fu”, que yo veía los sábados por la noche cuando era un chavalín. Magnífico relato que he leído dos veces para poderlo saborear bien.

    1. admin Autor de la entrada

      Ahmmm mítica serie donde las haya. Yo no me la perdía por nada del mundo, a pesar de la grima que me daban los ojos del maestro. 😀
      Besazo y ¡gracias!

  7. Territorio sin dueño

    Siempre me sorprendes cuando te da por escribir esta serie de relatos, y descubro realmente lo buena que eres jodida.
    Magnífico, y el toquecillo final sorprendente, he tenido que releerlo porque de repente con la melena rubia creía que me había perdido algo o confundido. Un último detalle para redondear y sorprender, porque claro, todo el tiempo estás pensando en modo heterosexual.
    Besos

        1. admin Autor de la entrada

          ¡Que va, es una interpretación tán válida como la mía! Ambas pueden ser perfectamente y la verdad es que me ha gustado esa segunda opción. Creo que hubiera desatado los mismos sentimientos. 😀
          Besazo

  8. Japochan

    Buenos días: me ha gustado mucho el relato, sobre todo la sospresa final. Como medio japonesa que soy, después de pensar que el prota era varón, al leer kunoichi pensé “Uh, esta mujer se ha equivocado, será ninja, no kunoichi…”. Pero luego entendí todo el juego de gabardina, recuerdo del sexo de otros, etc. Y lo de que la chica sea rubia y con gabardina le da un toque occidental de muy buen camuflaje. Vamos, que igual vot a la panadería de la esquina y la que me atiende es kunoichi y me lanza algo si no la pago bien. Por cierto, no se si sabes que la kanji con la que se escribe mujer 女 , (onna), tiene tres trazos y que si los separas y los pones seguidos, son tres letras distintas que se leen “ku”, “no”, ” ichi”. Es un detalle muy curioso.

    1. admin Autor de la entrada

      ¡Me alegro mucho que te haya gustado! Sí que tenía un juego de signos y detalles para llegar al final y lo has entendido perfectamente.
      La curiosidad del kanji de mujer no lo conocía, pero es que mi nivel de japonés es muuuuuy escaso 😀 Pero mira, dá que pensar.
      Besazo
      PD: Y haces bien en tener cuidado al ir a comprar el pan. 😀

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