Noche de Reyes

Foto tomada el pasado verano

 

Esto ha salido larguísimo, pero tengo que decir que así ocurrieron las cosas.

Esta historia se remonta a tres años atrás.

Ya por la mañana el Niño me había dicho que no tenía visto a Rata desde la noche anterior.

Cuando llegué a casa ya era de noche, hacía un frío que pelaba y Consorte se había encargado de hacer la cena porque él, si tiene media jornada, sale a media jornada. Él sí trabaja en una Empresa. Yo trabajaba en una finca de algodón de Alabama S-XIX.

-¡¡¡Mamá, ven un momento!!!

El Niño estaba descompuesto y nervioso. Y andaba por la calle cuando aparqué el coche.

-Qué haces aquí, espero que hayas ayudado a tu padre a hacer la cena.

-Shhhhhhh ¡Calla! Escucha

-Qué escucho

-¡Escucha!

-¡Qué diablos tengo que escuchar y dilo deprisa que está helando!

-¿¿No lo oyes?? ¡Es mi hijo!

Afino el oído y sí, oigo un “miau” agudo como de un cachorro, pero muy bajito. Empezamos a seguir el sonido y nos vamos a una de las esquinas del jardín y oímos que el maullido viene de casa de un vecino. Cogemos la linterna y nos vamos para allá, allanamos la casa, mientras el Consorte y la Niña estaban preparando la cena y poniendo la mesa.

Cuando al fin damos con el sonido, no nos lo podíamos creer. El Rata estaba subido en lo alto de este pino.

La tuve que tomar desde fuera, claro

Alumbramos con la linterna y allí estaba en una rama maullando ya con poca fuerza porque debía llevar día y medio allí subido.

-Este gato es anormal.

-Pues no, lo que pasa es que mi hijo es un bebé y quiere explorar.

-Este gato es anormal…

-Venga vamos a buscar la escalera que hay que rescatarlo.

Llegamos a casa, mientras iba pensando en que tenía que coger un plumas, el gorro de montaña, la bufanda, los guantes de nieve, las botas apreski, porque estábamos a bajo cero seguro, pasar la escalera a la casa del vecino sin su consentimiento ya que estaba cerrada por ser una casa de vacaciones… en fin, digno de nosotros, vamos.

Menos mal que tiene una valla bajita y saltamos sin problemas.

-¡Anda que! Menos mal que tenías media jornada.

Me dice el Consorte mientras me estampa un beso.

-Espero que hayas hecho la cena entera porque tenemos que ir al rescate de tu nieto.

Y le explico la situación.

-¡Ese gato es imbécil!

-Si… pero hay que rescatarlo.

-Yo me quedo al cargo de la cena, mamá. Que yo al tonto ese ya lo he buscado muchas veces.

Dice la Niña y tiene razón, porque son ya varias las que hace el animalito.

Así que Consorte carga con la escalera, yo con las linternas y el Niño se pone los aparejos para ir al rescate de su hijo, mientras la Niña se queda a cargo de la cena.

Allanamos la casa vecina, ponemos la escalera y nada más ver como pone el primer pié en el árbol el Niño, me doy cuenta que la habilidad trepadora del gato, la ha heredado del “padre”. En resumen el Niño no tiene ni repajolera idea de trepar un árbol.

-Colócate en una rama que estés cómodo y siempre ten a mano una rama cercana para apoyarte ó agarrarte.

Yo estoy en lo alto de la escalera, cuidando de que el niño no se descalabre, mientras Consorte alumbra al gato que está realmente alto.

La estrategia que ha cogido el animalito es la siguiente: Él ha decidido que quiere bajar del árbol así que busca una salida. Pero cree que la salida está en la parte exterior de las ramas y no en el tronco, así que va hacia la parte exterior del pino y claro cuando las ramas se hacen más endebles y él se siente más inseguro, lo que hace es subir.

El Niño empieza a llamar su atención con mimos: “hijo ven aquí””que te vas a caer chaval” y cosas similares.

-¡¡A ver, déjate de tonterías y enséñale el agua, a ver si va hacia ti!! Chilla el Consorte.

-¡SHHHHH! Por favor dejar de gritar que como venga la guardia civil, esto no hay quien lo explique ehhh. Suplico yo.

Pasan los minutos y ni con agua, ni con pienso, ni con mimos. Él ha decidido que lo mejor es seguir trepando hacia la copa del árbol. Yo estoy aterida de frío a pesar del plumas y siento que los guantes de nieve se están llenando de resina del pino, así que para tirarlos.

De repente aparece la que está al cargo de la cena.

-Mamá, que cuanto tiempo caliento la salsa de la carne

-¡Ehhh, ehhhh! Guapa, tú no te comes la carne hasta que vayamos todos.

¡No te jode! Yo aquí subido salvando al bebé y tú zampando. ¡De eso nada!

-Si claro, si te parece estamos aquí hasta mañana sin comer porque tu hijo quiere hacer subida de pino. No. Yo me pongo a cenar y ya cuando terminéis vosotros, cenáis.

-¡Pero quieres dejar de hacer el ganso!¡Llámalo para que vaya hacia ti, joder! Bramaba el Consorte.

-¿¿¿¿Y que crees que estoy haciendo??? Chillaba el Niño.

-¡SHHHHHHH, por dios!

Yo ya me veía dando explicaciones en el cuartelillo de la Guardia Civil y contando una historia de no creer…

-A ver querida, ahora tienes que esperar a que vayamos. No empieces a comer que te conocemos. Intentaba yo apaciguar a la Niña.

-Vale, reparto los canapés en cuatro partes y ¡oye! Cada uno se lo come cuando quiere.

-¡Ehhh, Madre, Madre! ¡No la dejes que ya sabes cómo reparte!

-¡¡¡¡Pero quieres hacer el favor de estar a lo que estas cooooño!!!! Que lo traigas hacia ti, hacia ti. Vociferaba el Consorte con un abrigo canadiense que tiene que parece la reencarnación del “Yeti“.

-¡SHHHH por dios que no deis esos gritos!

-Bueno, yo reparto los canapés y los langostinos y ya la carne vosotros veis cómo lo hacéis. Hala, me marcho que hace un frío que pela ¡Qué horror!

-A ver moza, espérate un poquito, si esto lo acabamos en un plis plas ya verás. Trato de persuadirla.

-¿En un plis plas dices, con el Niño y el gato haciendo de la suyas? ¡NO!

Y yo tengo hambre.

-¡¡¡¡Baja, baja, coño que voy yo para arriba ya verás si baja el bicho ó no!!!!

El Consorte estaba fuera de sí. Helado de frío y plantado al pie de la escalera hecho una furia.

-¡SHHHH por Dios dejar de dar voces!

Empiezo a bajar de la escalera y oigo un “graaaajjjjj” me toco y ¡mierda! Acabo de rajar el plumas que vale una pasta tonta.

-Ni se te ocurra subirte tú al árbol que no tengo ganas de acabar en urgencias ehhh.

-¡Déjame, déjame!

Y allá que va para arriba como una exhalación. Se lían a darse gritos los dos, uno en el árbol y otro en lo alto de la escalera, que si para acá, que si para allá, que llámalo, que no seas cafre, que al final me voy a caer y me parto la crisma…. A todo esto el gato en la parte más alejada de la rama.

Y de repente el Consorte lanza un alarido que resonó en el silencio de la noche.

¡¡¡SE ACABÓ, SE ACABÓ!!!

Se baja de la escalera y empieza a ir hacia fuera de la casa.

-¡¡¡Niña ven conmigo!!!

-¡No! Yo me marcho a comer los entremeses, que a este paso no cenamos en toda la noche.

-Claro que vamos a cenar hija, ¡¡pero echando leches vamos a cenar!!, ya verás. ¡Ven conmigo!

Y allá que se van los dos desapareciendo en la oscuridad.

-¡¡¡Huy que mal rolloooo madre, que mal rollooooo!!!! Ayúdame que estos con tal de comer son capaces de cualquier cosa.

-¡Pero qué dices! Habrán ido a buscar algo de comer para darle al gato.

-¡¡Hijo, hijo!! Ven aquí y déjate de hacer el idiota que tú no sabes que en esta casa el hambre da muy malas ideas, tío.

A esta altura de la historia llevábamos fácilmente una hora y media intentando el rescate del maldito bicho. El frío se me había metido en los huesos. Las linternas estaba a punto de dejar de funcionar por descarga de las baterías y después de un día de trabajo y estar allí subida en la escalera y con mi plumas roto, estaba empezando a perder la dulzura de mi carácter.

De repente vemos las luces de las linternas del consorte y la Niña y allí que aparecen.

-Ponte aquí, cariño. Abre la bolsa.

Y vemos El Niño y yo que el Consorte está con unas tijeras de podar ramas de altura y la Niña con una bolsa de Ikea de las azules grandes.

-¡¡¡¡Pero qué pretendes hacer!!!!

-Fácil, pretendo cortar la rama donde está el mamón del gato.

-Y según caiga yo lo apaño en la bolsa y ya está.

-Pero, pero, pero tú estás pirado tío, tu estas fatal. ¡¡¡Te lo advierto, como se te ocurra hacerle eso a mi hijo, me voy de casa y no me vuelves a ver en la vida!!!!

-¡¡¡Y tu Niña, definitivamente estas de la olla!!!

-SHHHH, a ver Niño, no le digas eso a tu padre, que nos hacemos ilusiones y luego todo queda en nada.

-No no, Madre que lo digo en serio ehhhh que como lo tire del árbol, en cuanto acabe la carrera y me compre la casa y el coche, vamos que me piro ehhh.

-Ahhhhh bueno… Decimos el consorte y yo.

-Bueno vamos a estudiar la situación. Llevamos más de hora y media y tu hijo ha decidido que tú no le ofreces la suficiente confianza para refugiarse en tus brazos, así que tenemos que obligarlo un poquito.

-Si claro y obligarlo un poquito es ponerlo a hacer arboling, no te jode.

-Bueeeeno, prometo que no le corto la rama, ¿vale? Solo se la muevo un poco.

-Además si yo no logro cogerlo en la bolsa, es un gato ¡tiene siete vidas!

Dice la Niña con impaciencia.

-¡Vete a la mierda, niña! Tú con tal de cenar eres capaz de cualquier cosa.

Mientras El Niño y la Niña estaban enfrascados en la discusión, el Consorte que empieza a mover la rama donde estaba el Rata y el gato que sale corriendo en dirección al Niño

-¡¡Hijo, hijo ven cariño, ven a mis brazos!!! ¡¡¡AHHHHH, AHHHHH!!!!!

-¡¡Que pasa, que pasa!! Gritaba yo histérica pensando que se estaba cayendo del árbol.

-¡¡¡Baja baja, coño baja!!!

Bajo corriendo de la escalera y allá que el Niño baja de la escalera y sale corriendo como un poseído hacia casa. Nosotros que salimos corriendo detrás de él, yo iba pensando mil cosas y todas eran malas.

Dios se apiadó de él y las puertas estaban abiertas así que cuando llegamos a la cocina nos encontramos al Niño quitándose el abrigo y la sudadera mientras lloroso nos explicaba que el Rata había salido corriendo y se le había metido de golpe dentro del plumas que tenía un poco abierto y se había puesto a arañarlo como un loco, porque él lo había encerrado en el abrigo para que no se volviera a escapar.

Lo miro, estaba como un Cristo, todo arañado por el pecho y la garganta a pesar de la sudadera, lo curo con betadine y allí que nos vamos a recoger los aparejos de la casa del vecino. Cuando terminamos la aventura, los únicos que tenían ganas de cenar eran El Consorte y La Niña. Yo estaba hecha polvo y el niño estaba que no se podía mover entre unas cosas y otras.

El pobre Rata estaba agotado después de día y medio en el árbol, bebió/sorbió como si no hubiera un mañana, comió sin control y le tomé la foto para inmortalizar ese momento.

Tomada la noche de autos. Así se quedó despues de comer y sorber

-Gracias precioso, la cena estaba buenísima. ¿Qué quieres de regalo de Reyes?

-Que lleves al idiota de tu nieto a que le corten los huevos. Lo pago yo.

Y así fue. A los tres días era gato capado.

 

 

 

 

 

 

37 pensamientos en “Noche de Reyes

    1. admin

      Aquella historia se ha quedado en casa como parte de los anales de la familia. No veas lo que pasamos y cómo puso el gato al “padre”. Estuvo casi dos semanas que parecía que se había revolcado entre zarzas… jajajajaaj
      Besazo

  1. alterfines

    Estoooo ¿no hay formas menos complicadas de despertar el apetito para la cena? Es que os coge Fernando Trueba y se lleva un Oscar mucho más merecido que el de ‘Belle Époque’, que ya es decir.
    Sois una familia descacharrante. Me encanta (táis).

  2. Marga

    Eres una valiente, y una abuela de las de verdad, yo (como la Niña) me habría ido a cenar y habría dejado al gato allí que para eso tiene 7 vidas y yo solo una. Eres una super mamá, en serio.
    Qué decir de El Rata, que es un ídolo de multitudes, claro.

    1. admin

      Por no aguantar al “Padre” de la criatura, hago cualquier cosa, porque si al teléfono es pesado in situ ya ni te cuento… jajajaja
      Besazo

  3. Joaquín Sarabia

    Una verdadera aventura con final feliz (quitando los arañazos del niño), que me imagino feliz por tener a su hijo de nuesvo en casa a salvo.
    El más mimado y el más listo “El Rata”, aunque le costara lo que le costo……….¡qué remedio!.
    Un Abrazo :) .

    1. admin

      Además que sí. Cuando volvimos y estábamos todos al fin descansé. Yo es que soy como los perros pastores, quiero al rebaño junto. 😀
      Besazo

  4. susana

    Se parece mucho a mi gatito. Yo también estuve una vez con una escalera intentando recoger a un gato blanco de un árbol, que cuanto más nos acercábamos más se subía. Al final se quedó una chica cuyo padre era bombero, y supongo que lo bajó él. Nuestro gato no sale de casa pero también está capado. Un beso.

    1. Marga

      Mercedes, te leo y yo pienso, ¿qué ordinario hay en tener un Niño que tiene un hijo gato y un instinto paternal que aguza su oido d emanera casi alienígena que puede oir un triste maullido desde la copa de un árbol en la casa del vecino? no chica, eso no es ordinario. El niño es tan alien como la gata de la barbacoa.
      No, no, yo es que tengo tremendas dudas. Aquí los únicos normales son la Niña y el Consorte, que cenaron como Dios manda a pesar de tanto alboroto. Lo de Dolega y el Niño es para hacer una película o algo asín….
      Tengo hambre, espero que a mi niño no se le ocurra adoptar un gato mujeriego… gateriego… como sea, aunque el final de ese gateriego es de poema eh… ¡le pasara así a unos que yo me sé!
      (si, yo tampoco soy normal, lo sé, por eso soy casi de la familia de Dolega)…

      1. admin

        jajaajajaj, la verdad es que normales, normales, no hemos sido nunca.
        Además nos pasan cosas raras ó por lo menos que nos parecen raras a nosotros.
        Marga, el amor que le tiene el Niño a su “hijo” es increíble. Cierto es que le gustan los gatos como a mí, pero con este es alucinante. :)
        Este la verdad es que desde que lo capamos está tranquilo porque antes era desesperante. Me he recorrido todos los tejados de todos los vecinos, bajándolo.¡¡¡ Menos mal que son chalets!!! 😛
        Besazo

  5. MATT

    Vaya con el Rata!!!!!! y tú pretendías mantenerle en el anonimato!! con el juego que puede dar en este blog!. Vaya tela marinera con el gato, el Niño alias padre del gato, y todo lo demás!!

    Besos

    1. admin

      ¡ajajajaaj Ya lo decía El Niño que lo tenía marginado!
      Ha sido terrible. Menos mal que desde que lo capamos se acabaron los problemas. Porque antes era de contarlo y no creerlo.
      ¡Nunca antes le habíamos dado tanto uso a la escalera!
      Besazo

  6. luis

    mucho padre y mucha abuela , pero caparon el gato lo que desde mi mpunto de vista es una venganza en toda regla, pues que yo sepa eso no hace que el gato aprenda a bajarse de los arboles.
    Si ahora se porta bien sera porque tiene miedo de lo que le cortarian si hace otra “gracia”

    1. admin

      jaajaja.No lo capamos para que aprendiera a bajrse de los árboles, ¡lo capamos para que no se subaaa! Y ha resultado porque estábamos hasta el moño de rescatarlo de todos los tejados y ahora vive debajo del tanque de gas, vamos a ras de tierra. 😀
      Besazooo

  7. Macondo

    Eso no te lo hace un perro, aunque no sea hijo tuyo.
    Me parece que este gato, antes de los huevos, había perdido ya el instinto felino. ¿Dónde se ha visto un gato que no sabe bajar de un árbol? Pensar que yo quise hacerlo mi héroe (hasta que comentaste lo de la castración), pensando que sus ausencias eran motivadas porque se beneficiaba a todas las gatas del lugar.
    Besos.

    1. admin

      jajajajaaj Eso mismo dice El Consorte que adora los perros, pero no le gustan los gatos. esa noche comentaba que el perro más tonto del mundo no hacía eso. Yo por contra le recordaba que su cuñado (mi hermano) tiene el record mundial de perros tontos que han hecho cosas increíbles.
      Además,¡¡¡ si lo hemos adoptado hay que cargar con las consecuencias!!! 😀
      Besazo

  8. Paterfamilias

    No quisiera parecer materialista, pero por el Rata, además de los arañazos sufridos por su padre y jugarse la vida sus abuelos (mientras la tía cenaba), os habéis jugado un plumas (me hace gracia ese nombre) y unos guantes.

    1. admin

      Así es Pater, el puñetero gato ya lleva costado un medio dineral…
      Aquí se llama así a los abrigos rellenos de plumas para el invierno.
      Besazo

  9. marta

    eo,eooooooo, a la tercera va la vencida…3comments sin exito, poca cobertura y una tablet demasiado in….quiero las teclas duras de mi olivetti de los 18. ?..besos, desde baleares, lo se, mucho, mucho purgatorio

    1. admin

      jajajaaj es cierto, hay veces que yo también deseo sacar la Olivetti de mi suegro y ponerme con ella, porque la tecnología es maravillosa si no falla. Si falla no sirve para nada y no te deja opción.
      De todas formas la página está teniendo fallos muy frecuentes debido al hosting. Ya los he amenazado dos veces con cambiarme de empresa y me ha comentado que me están migrando a otro servidor, así que les daré un margen de confianza, pero como sigan así me piro.
      Besazo

      1. Arturo

        Dolega:
        Ahora se explica que no pudiera ingresar, que solo viera los encabezados y no los post. Por culpa de esas gentes, me atrasé; que para seguirte, Dolega, hay que ser olímpico…
        Un beso.

  10. Inmagina

    La madre que parió al Rata, de verdad que suerte tienen de que tenemos corazón…aunque si quieres que te diga la verdad, yo hubiera cortado la rama y que sea lo que dios quiera.
    Cualquier día explicaré la historia de mi gato equilibrista y sus caídas desde un segundo piso, si es que hay pa darles!

    1. admin

      jajajaajaj yo estuve a un trís de también dar el visto bueno a la poda. Es que esta es la más gorda, pero me conozco todos los tejados del vencindario de irlo a buscar con el Niño, porque siempre me llamaba a mí en la mitad de la noche, porque su padre lo mandaba a paseo.
      Besazo

  11. Piruja

    No se que decir ya que me entra la risa de imaginar el cuadro jejeje, vosotros desde luego que no os aburrís para nada eh?, señor con el dichoso Rata la que lió el pobre jejeje, me encanto la historia y para nada se hace larga, larga para vosotros que la vivisteis pero para nosotros super divertida jeje, yo también tengo un gato y también capao:), gracias por sacarnos una sonrisilla siempre.

    Un besote!!

    1. admin

      El cuadro no te lo puedes imaginar. Éramos la antifamilia en la noche de reyes…
      Claro al día siguiente todo el mundo en el trabajo contando la cena y los regalos….
      Y yo contestando: ¿yo? Bah lo normal de estas fechas, ya sabes… 😛
      Besazo

  12. Arturo

    Dolega:
    Tenían un gato-mono que se subía a los árboles.
    Si no se congelaron durante su aventura fue por casualidad, o gracias a sus abrigos de duvet (aunque uno de ellos saliera “herido”). Yo apoyo la gestión de Consorte.
    Debe ser que a algunos de estos mininos se les da por esas cuestiones de trepar. En cambio, nuestro Moñi nunca se mandó esas travesuras.
    Lo que sí tenía, era su instinto cazador: como vivíamos a siete kilómetros del poblado y nos rodeaba el campo por todos lados, el gato vivía cazando lagartijas, chelcos y hasta alguna perdiz.
    Una vez, sale mi padre -que estaba de visita- al porch de la casa y lo ve al Moñí jugar, a los zarpazos, frente a una víbora pequeña.
    Solía escaparse por dos o tres días, sin que tuviéramos noticias de él, hasta su regreso. Hasta que una vez ya no volvió…
    Ahora tenemos a un perro, el Toli. Que resulta menos problemático, aunque completamente dependiente de nosotros.
    Un beso.

    1. admin

      La gata es una cazadora nata. Tiene el jardín limñio de todo tipo de alimañas. El gato tuyo no volvió porque murió en una pelea. Las peleas de gatos son terribles y se matan sin piedad, por eso es que hay que caparlos, para que no se vayan a buscar peleas por las gatas.
      Besazo

  13. AleMamá

    A mi me ha tocado bajar personalmente a mi gatita de un árbol de mi casa. Se había subido de coqueta y pagó su escapada con la esterilización. Nunca más debí hacer de bombera.

    Cariños

    1. admin

      Si, en cuanto los capas se quedan tranquilos y dejan de dar problemas. Este fue terrible hasta que nos cansamos de andar subiendo tejados y árboles. :)
      Besazo

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