Más oferta, menos oferta

brasov

Hace muchos años fui a Rumanía al poco tiempo de caer Chauchescu. Era en verano y nos dijeron que haría muy buen tiempo, pero cuando llegamos nos anunciaron que nos dirigíamos a la estación de esquí de Poiana Brashov así que tenía que hacerme con alguna prenda de abrigo sino quería terminar con una pulmonía. Como teníamos tres horas hasta que saliera nuestro transporte, me dispuse a comprarme algo. Entramos en unas cuantas tiendas de nombres diferentes, pero para mi asombro la ropa era la misma, los mismos modelos, los mismos colores, todo igual. Como soy tan despistada le comentaba a mi marido que se fijara en los nombres de las tiendas porque me sentía como en la película “Atrapado en el tiempo” a ver si era que entrábamos en la misma cadena de tiendas sin darnos cuenta pero no, eran diferentes tiendas.

Cuando llevábamos recorridas una cuantas, encontré una dependienta que chapurreaba el inglés y le pregunté porqué en todas partes había la misma mercancía y ella me respondió con una sonrisa que allí era así. Que todavía el sistema socialista no había sido sustituido por completo y que a pesar de que las tiendas eran muy modernas y con diferentes nombres, el contenido salía de la misma fábrica.

Yo siempre he sido bastante radical para mis cosas así que decidí que si la cosa era de socialismo, no iba a aceptar socialismo encubierto y con las mismas decidí buscar una genuina tienda rumana “de toda la vida”, así que terminamos por una callejuela fuera de la avenida principal y en una tienda réplica de cualquier tienda española de recién terminada la guerra, con su mostrador de madera, dependiente de unos 65 años y repisas con escasos objetos variopintos. Había desde una jarra de vidrio hasta unos zapatos de mujer que calculo eran la prehistoria de los famosos Merceditas.

Allí estábamos nosotros capitalistas de pro intentando explicarle por señas a aquel hombre, que por supuesto solo hablaba rumano y llevaba toda su vida despachando en un economato comunista, que necesitábamos prendas de abrigo y que a ver que nos ofrecía. Sacó las prendas de debajo del mostrador, nos ordenó que nos las pusiéramos y con un grito marcial nos dio el visto bueno.

Salimos con dos jerseys. Yo con uno siete tallas mayor que la mía (me llegaba por las rodillas) verde botella, con el cuello vuelto más grande que jamás ha tenido nunca un jersey y como complemento, la lana tipo mohair rústico, pero que muy rústico, soltaba más pelo que si fuera de llama andina. Mi marido por el contrario, salió con uno gris marengo con dos enormes rombos gris clarito en el frente. El pobre parecía que se había puesto el jersey del niño y a juzgar por cómo se rascaba debía de picar mucho. Aquel hombre no nos vendió las prendas, nos las impuso. Si, así a los gritos dimos una montaña de billetes, que al cambio eran 10 dólares y salimos de allí corriendo.

Las historias de los jerseys encima de los modelitos durante el viaje, son para otra historia aparte pero todavía se recuerdan.

Ha sido una de las historias más divertidas que he vivido. De hecho, los conservamos como recuerdo.

¿Y por qué les cuento todo esto? Porque hoy he estado en un nuevo centro comercial que han abierto cerca de donde vivo y vengo con la misma sensación que aquel día en Bucarest.

La sensación que traigo es que cada vez es más difícil encontrar cosas originales y diferentes en todos los ámbitos de la vida y el consumo no es una excepción. Un centro comercial diferente en la zona, con las mismas tiendas que en el resto de centros comerciales y no digo marcas para no hacer publicidad a nadie, pero voy entendiendo porque la compra online va creciendo en España con el tiempo.

Es más fácil encontrar cosas originales y diferentes en Internet y en las pequeñas tiendas de tu zona, que saliendo de compras. Da igual que vayas a un centro comercial que ha otro, al final son las mismas tiendas. Estamos totalmente uniformados en todos los sectores por unas cuantas cadenas. Ya sea en vestido, que en electrónica, que en muebles, que en comida. Siento que a pesar de vivir en una economía, supuestamente de libre mercado, cada día tengo menos oportunidades de diferenciarme del resto. Así que un motivo más para comprar en el pequeño comercio de nuestro entorno, aunque sea un poco más caro y para comprar online, donde podemos bucear en busca de cosas diferentes sin tener que pegarte la paliza por la calle.

 

3 pensamientos en “Más oferta, menos oferta

  1. susana

    Es cierto. Tienen la misma ropa en todas partes y además está fabricada en China o cualquier otro país, menos España, así que viene a ser el mismo sistema. Un beso.

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