Los baúles de la Tía Paquita (Paqui para la familia)

 

 

La Tía Paquita es la típica tía de familia bien, venida a menos por culpa del tiempo y de los cambios de aires.

Se quedó soltera porque de puro guapa y avispada que era de jovencita, todos los chicos la veían como un peligro en potencia.

Solo tuvo un pretendiente pero estaba estudiando derecho y quería ser notario, así que cuando Paquita se enteró que tenía que esperar cinco años de carrera y después las oposiciones, que eran también cada cinco años pensó que si el chico no era un lumbreras, se podía tirar diez ó quince años esperando, así que decidió que mejor estar sola que esperando acompañada y claro, se quedó soltera.

De este modo fue el comodín perfecto de toda la familia para cuidar niños, ancianos, hacer recados incómodos y lo que hoy en día llamamos comerse los marrones, pero La tía Paquita, Paqui para la familia siempre tuvo mucho salero y se iba ganando el respeto de todos a pulso.

¿Y porque les cuento todo esto?

Porque La tía Paqui (yo la llamo Paqui, porque después de 180 palabras escritas ya soy como de la familia) hace muchos años, tantos como 35 más o menos, en un cumpleaños suyo al que había invitado a toda la familia a merendar y los había agasajado con un chocolate y seis kilos de bocaditos de nata, en un momento que estaban sus hermanos quejándose de la situación económica, (si, la gente llevamos siglos quejándonos de la situación económica) ella les dijo muy seria:

-No tenéis que preocuparos de nada, porque yo estoy amasando una fortuna para vosotros, porque como soy soltera, será para vosotros.

Los hermanos empezaron a preguntarle por el tema, pero ella dijo que no tenía nada más que decir. Que ya se enterarían cuando muriese y heredaran.

Toda la familia se tomó un poco a broma en anuncio, pero la Tía Paqui nunca había sido fantasiosa, todo lo contrario así que empezó a crearse la leyenda de la herencia de Tía Paqui.

Para rematar el asunto, al año siguiente por su cumpleaños, cuando volvió a invitar a toda la familia a un chocolate y diez kilos de bocaditos de nata, uno de sus sobrinos le preguntó por el baúl que había en su habitación, y Tía Paqui contestó muy seria:

-Es el baúl de la herencia Carlitos, de vuestra herencia.

Inmediatamente salió toda la familia en tropel a la habitación a ver el baúl, pero se encontraron con un arcón de enormes dimensiones cerrado con un candado. Intentaron por todos los medios convencerla para que les enseñara el contenido pero fue inútil. Ni comiéndose los diez kilos de bocaditos de nata que siempre dejaban porque no les gustaban y que sospechaban que la Tía Paqui los compraba porque le gustaban a ella y pasaba de lo que le gustara al resto de la humanidad.

Así empezó la leyenda del baúl de la Tía Paqui.

En todos los acontecimientos familiares se hacían apuestas por ver si la Tía Paqui regalaría algo de lo que había en el baúl, pero los años pasaron y ella siempre hacía regalos normales y corrientes como los demás. Daba igual que fueran bodas, bautizos, comuniones ó sepelios.

Para incrementar aún más si cabe la leyenda, un año dijo que había que ayudarla a subir otro arcón que había comprado porque en el primero ya no cabía ni un alfiler. Hubo verdaderas bofetadas en la familia para ir a recoger a la tienda el arcón, porque los vendedores habían dicho que ellos no subían a un quinto sin ascensor ese mamotreto de madera maciza.

Ni la Macarena de Sevilla tuvo tantos costaleros como el segundo baúl de la Tía Paqui. Por aquella escalera había porteadores, directores, guías, avisadores de vecinos, en fin de todo.

Cuando llegaron al rellano de la quinta planta La tía Paqui ordenó meter el arcón y colocarlo en el salón. Inmediatamente los hermanos, sobrinos y cuñadas empezaron a preguntarle por el contenido del primer baúl y a exigirle que les enseñara su contenido.

La tía Paqui se fue a la cocina y sacó chocolate y 15 kilos de bocaditos de nata como muestra de gratitud por subir el baúl. Toda la familia salió de allí con enormes probabilidades  de padecer diabetes en el futuro, pero ella no soltó prenda.

Pero como todos somos humanos y en las familias ya se sabe, todos somos iguales, pero unos son más iguales que otros, resulta que nació una niña y la Tía Paqui la proclamó su favorita.

No porque lo dijera explícitamente sino porque se le notaba a la hora de los regalos.

Fue a la clínica y en vez de llevar el consabido alfiler de oro, se presentó con una pulsera de oro y turquesas que aquel bebé tendría que esperar por lo menos 20 años para ponerse. Inmediatamente las especulaciones empezaron a correr por la familia.

-¡Seguro que es del baúl, seguro! Decían los familiares apostando cuánto valdría todo el contenido que llevaba atesorando Paqui durante todos estos años.

En el bautizo le regaló una cadena de oro que el resto de la familia, después de medirla cuidadosamente, convino que era del grosor de un dedo meñique de adulto y de largo como un rosario de tamaño medio. En los cumpleaños la distinguió con joyas que ninguno de sus otros sobrinos habían visto ni en revistas así que la familia llegó al convencimiento de que la sobrina predilecta se estaba llevando parte de la herencia que había en los baúles.

Hubo reunión familiar sin la Tía Paqui por supuesto y después de votar, la mayoría decidió que había que idear un plan para lograr que la Tía Paqui democratizara la herencia, vamos que la repartiera.

Ni que decir tiene que el único voto en contra fue el de los padres de la favorita, pero como democracia manda, decidieron llevar a cabo el plan que había urdido uno de los sobrinos que llevaba el pelo de colores y parecía que siempre estaba en su mundo pero que era listo como el hambre.

El plan era el siguiente:

La sobrina predilecta estaba a pocos meses de hacer la primera comunión, así que aprovecharían esa celebración. Le dijeron a la niña que el niño Jesús se pondría feliz, muy feliz si le pedía a la Tía Paqui como regalo de comunión, abrir los baúles.

La criatura se resistió bastante, porque ella prefería una videoconsola pero toda la familia le advirtió que si se negaba sería motivo de confesión diaria hasta que fuera mayor.

La niña siguió resistiendo hasta que el primo de los pelos de colores le comunicó que desobedecer las órdenes de la familia traería consecuencias muy tristes para todos, ya que los zombies andaban sueltos por todos lados.

Así fue como la sobrina predilecta le pidió a su Tía Paqui como regalo de Primera comunión, la apertura de los baúles de la herencia y para alegría de todos, la Tía Paqui acepto.

Hasta el día señalado, todo fueron especulaciones y planes para ver de qué manera podrían convencer a la Tía Paqui para que no esperara a morir para repartir aunque fuera parte de la herencia.

Llegó por fin el día y en cuanto el cura dio la bendición, toda la familia salió en estampida de la iglesia dejando a los compañeritos de la niña con el recordatorio en la mano, literalmente. Se subieron a los coches, pero antes se jugaron a los chinos quién llevaba a la Tía Paqui en su coche.

Llegaron al restaurante donde habían contratado el banquete y se estaban celebrando seis comuniones más, comieron y bebieron a toda velocidad y le pidieron al restaurante que la tarta se la metieran en una caja para llevársela.

La caravana de coches atravesando la ciudad hacia la casa de la Tía Paqui tardó menos tiempo que un mandatario extranjero del Aeropuerto a su embajada.

Y por fin estaba toda la familia en pleno sentada en el salón de la Tía Paqui para proceder a la apertura de los baúles.

La tía Paqui sacó un chocolate y 20 kilos de bocaditos de nata y dijo que en cuanto se terminaran se podrían abrir los baúles.

Estuvieron a punto de decirle que no serían capaces de aquella azaña pero el temor a que los planes se torcieran hizo que se tapiñaran aquella montaña de azúcar. En cuanto terminaron, la familia en pleno rodeó al primer baúl y entonces la Tía Paqui dijo las siguientes palabras:

-Querida familia: llevo años guardando pacientemente un tesoro para vosotros. Siempre creemos que la vida será como la conocemos pero estoy convencida de que no es así, mientras pronunciaba estas palabras procedía a quitar el candado del primer baúl.

-Estoy convencida, porque me lo dice mi corazón, que el petróleo acabará terminándose en el mundo, será un bien escaso el que lo posea será rico.

Y vosotros gracias a mí seréis ricos. Esta es vuestra herencia. Y de manera teatral abrió el baúl.

Toda la familia se inclinó ávidamente dentro del arcón y se encontraron con bolsas. Bolsas de todos los colores materiales y tamaños imaginables.

Empezaron a sacar los miles de bolsas y le preguntaban dónde estaba “lo otro”. Al decir la Tía Paqui que no había “lo otro” la enfurecida familia la interrogaba acerca de los regalos que le hacía a la sobrina favorita y la Tía Paqui contestaba que simplemente los compraba con su dinero.

A partir de ese momento la Tía Paqui fue proscrita para siempre de la familia. Nunca más le volvieron a dirigir la palabra y por supuesto le prohibieron todo contacto con la sobrina predilecta.

La Tía Paqui murió sola y la familia se apresuró a vender el piso y todo su contenido para poder tener, por fin algo que repartir. El piso fue comprado por una diseñadora australiana que se había enamorado de Madrid.

Hace menos de dos años, se ha subastado una bolsa auténtica de Balenciaga de 1954 con incrustaciones en seda y oro de 24 quilates por 4500 euros. Su dueña dice tener una enorme colección de bolsas vintage que son verdaderas joyas y le permitirán cumplir su sueño: Diseñar sin tener la presión de tener que trabajar para comer.

 

 

 

 

 

 

 

 

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15 pensamientos en “Los baúles de la Tía Paquita (Paqui para la familia)

    1. admin

      Esta historia mucho más sencilla me la contaron hace tiempo. La Tía paquita existió de verdad pero la apertura de los baúles la hiceron después de muerta la mujer. Me contaban que casi la desentierran para darle de palos. :)

  1. Dessjuest

    El primo de los pelos de colores es el puto amo, qué manera de lanzar la gota que colma el vaso 😀

    Es lo que le digo yo a mi mujer cuando me habla de las cosas que tenía en el trastero, digo tenía porque me las tiró, claro, con el paso del tiempo se arrepintió, cuando vió que esos viejos álbunes de cromos ahora valdrían dinero, no os iba a vender, pero se lo recuerdo casi a diario.

    1. admin

      El primo mola mucho…
      Yo estoy convencida que las toneladas de porquería que tengo yo en el garaje y los trasteros no valdrá ni un chavo nunca. :)
      Besos

  2. AleMamá

    Muy buen tu historia, jeje La pobrecita Paqui debió haber llegado al final sin abrir sus arcones. Hay que ver lo que puede hacer la ambición.
    Saludos.

    Oye, por algún motivo, comentarte sigue dando problemas, porque no me recuerda, (cada vez debo poner todo de nuevo) y decide que soy un robot y me borra todo ¡y a recomenzar! ¿Podrías pedirle a “tu santo” que lo arregle?.

    1. admin

      Eso le pasó por buena. Debió dejárselo en herencia y que hacienda le hubiera cobrado impuestos por ella:)
      Ya he quitado el captcha, porque está dando muchos problemas.
      Si entran impresentables, los hecho a gorrazos de manera manual.
      Un beso y gracias por avisar.

  3. Arturo

    Dolega:
    Un cuento excelente.
    Has puesto en evidencia la codicia desmedida de la gente. Con pena, debo decir que he visto algunas personas más interesadas por los bienes que por sus familiares. Eso fue motivo suficiente para dejar de frecuentarlos.
    No es difícil creer todo lo que leí, es más, estoy seguro de que puede haber ocurrido de ese modo.
    Va mi amigable y desinteresado saludo.

    1. admin

      Gracias por tu comentario.
      Es cierto que la ambición humana es increíble. Además se vuelve más exacerbada cuando hay competencia entre muchos.:)
      Un saludo

  4. Ana azul

    Joer con la tía Paqui. Los puso a todos en su sitio, como debe ser. Es que ahí no había amor. ¡que les den!
    Por desgracia, esto ocurre en muchas familias. Besos
    Ana

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