La Humillación

Entró en el salón dando un sonoro portazo. Su cara demudada y el movimiento desacompasado de su pecho hacían presagiar un ataque de cualquier cosa en cualquier momento.

-¡Mamarracho!

Bramó al hombre que de pie, miraba impasible por la ventana.

Sus pantalones blancos de lino, su camisa a juego y los zapatos Black and White brillantes como estrellas, daban la imagen de un hombre elegante y tranquilo.

-¡Sinvergüenza, desgraciado, mal nacido!

Gritaba Alicia fuera de sí, mientras sus azules ojos se llenaban de lágrimas y sus manos retorcían compulsivamente el enorme lazo rosa que llevaba a la cintura su maravilloso vestido de encaje color beige.

Leandro seguía impasible mirando a través de las persianas venecianas de madera. Miraba fijamente las enormes azaleas, y pasaba la lengua por su fino bigote mientras enlazaba sus manos en la espalda, como quién se dispone a reflexionar sobre algo realmente importante.

-No permitiré que me humilles de esta forma, no toleraré ni una mofa a mi dignidad ni a mi persona, ¡Te enteras! Mi padre será avisado puntualmente de tu comportamiento y tendrás tu merecido. ¡No lo dudes!

Dijo acercándose a Leandro con los puños cerrados y pestañeando repetidas veces, mientras escupía las palabras .

Se había secado las lágrimas con un delicado pañuelo de hilo de Holanda ribeteado de guipur. Mientras hacía el gesto, el brillo del impresionante diamante que adornaba su anular derecho, se había reflejado en la lámpara traída expresamente de Venecia, para vestir el salón.

Leandro, se volvió despacio, muy despacio y le sostuvo la mirada a duras penas.

-Me dan igual tus amenazas, querida. La amo y estoy dispuesto a dar mi vida por ella. Así que ya puedes avisarle a tu padre para que envíe a sus matones cuando quiera.

En ese momento, la pesada puerta de caoba se abrió y Alicia rompió nuevamente en sollozos mientras corría a abrazar a la recién llegada.

-¡Mamá, mamá, qué vergüenza! Me quiero morir. Me lo ha dicho la foca de Luzmila Navarrete en plana calle, delante de todas las Damas Guadalupanas. ¡Qué vergüenza! Además ya sabes lo malvada que es y cómo le gusta humillar a todo el mundo.

La enorme mujer se limpiaba la falda malva que Alicia había llenado de lágrimas en su efusividad. Mientras abrazaba a su hija, miraba con profundo odio a Leandro.

-Cómo has podido hacerle esto a mi niña. ¡Desgraciado! No esperes que te perdone en la vida. ¡JAMAS! Y con semejante grito, hasta la enorme lámpara del salón, se movió en redondo y las lágrimas de cristal, cantaron su melodía.

-Si me hubieras visto mamá, allí de pie en la calle sin saber qué decir. Y si la hubieras oído:

“ ¡Oh, Alicia, qué horror! Toda la ciudad sabe que Leandro tiene de querida, a la hija de Teófilo, el barbero…”

Dijo imitando una voz aflautada y ridícula.

-Y yo allí humillada, vilipendiada. Todas aquellas hurracas mirándome y esperando mi reacción. ¡Ahhhh!

Y Alicia volvió a empezar a llorar, Leandro suspiraba con ademán de cansancio y la mujer de violeta intentaba que su hija no acabara de arruinar con sus lágrimas la delicada falda que vestía, así que le dió un chal que había en el respaldo del sofá donde estaban sentadas, para que limpiara las lágrimas y lo que considerase conveniente.

-Calma hija, calma. Que esto lo soluciona tu padre rápidamente. Manda a Nicolás a que le dé su merecido al mequetrefe este con quién te empeñaste en casarte.

Leandro se encaró sin mucha convicción, con la mujer que lo amenazaba.

-Me da igual lo que diga señora, estoy dispuesto a dar mi vida por mi amor y…

-¡Calla imbécil! Que amor ni que amor. ¿Y el honor de mi hija? ¿Y su dignidad? Lo único que has hecho es convertirla en el hazmereir de toda la ciudad. Y eso lo tendrás que pagar, no lo dudes.

Dado que no conseguía que su hija, le dejara la falda tranquila, optó por ponerse en pie.

Un enorme estruendo se oyó del otro lado de la gran puerta de caoba. Al minuto, ésta se abrió y apareció Maximiliano, vestido de negro de arriba abajo, portando un enorme revolver con la culata repujada en plata. Miró fijamente a Leandro y a continuación se sentó a consolar a su hija.

-Vamos pequeña, cuéntame qué ha ocurrido, que lo quiero oír de tus propios labios para que pueda tomar una decisión.

-¡Ay Papá, que humillación! Iba yo por la calle Real, con las Damas Guadalupanas y de repente por el otro lado, viene con su madre la víbora de Luzmila Navarrete. Cruza a paso ligero a nuestra acera, nos saluda y entonces dice con esa voz de rata almizclera que tiene y con ademanes de simular escándalo:

“ ¡Oh, Alicia, qué horror! Toda la ciudad sabe que Leandro tiene de querida, a la hija de Teófilo, el barbero…”

-Y yo allí papá, humillada y todas las Damas Guadalupanas mirándome y cuchicheando “Ohhh Dios mío, la hija de Teófilo el barbero” ahhhh ¡Que humillación!

Alicia se echó llorando en brazos de su padre, secándose profusamente los ojos contra las mangas de la camisa negra de lino de su progenitor.

En ese momento Leandro se acercó al sofá donde se hallaba su esposa y ésta sin que nadie lo pudiera evitar, cogió el revólver de la mano de su padre, apuntó a Leandro y le gritó desaforadamente:

-¡Jamás te voy a permitir que me humilles de esa manera, ¿Me entiendes? ¡¡¡Si hasta los criollos Mendoza tienen una querida más blanca y joven que la nuestra!!!

Y a continuación vacíó el cargador sobre aquel hombre vestido de lino blanco de arriba abajo, a excepción de unos zapatos Black and White brillantes como estrellas.

 

 

 

 

 

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45 pensamientos en “La Humillación

  1. AleMamá

    ¡Qué bien contada historia, Dolega! Sólo te conozco otro cuento y era ese de la moto, y también sacaban la artillería…. Deberemos tener cuidado contigo, de no enojarte querida
    :)

    Un besote

  2. Miguel

    ¡Qué humillación! Como se puede ser tan grosero. Con la hija del barbero. ¡Por Dios, por Dios, por Dios! Si hubiera sido con la hija del estilista esculpidor del salón de belleza Divina de la muerte, aun. Pero con la hija del barbero. Definitivamente, ya no hay clase.
    Un besazo.

  3. Territorio sin dueño

    Joer! mi comentario se ha ido a la porra. Ahhhhhhh! que rabia!
    Te decía que al final lo grave es que el caballero no había escogido a una querida con el suficiente status y nivel para la familia, debería habersela escogido la propia mujer.
    Leyendo tus cosas cotidianas me olvido de lo bien que escribes, no porque lo otro no esté bien escrito, pero en este tipo de textos es donde se ve todo el potencial, yo no sé si sería capaz ¿tu entiendes lo que quiero decir, verdad?
    Besazos

    1. admin

      ¡¡Exacto!! Ese es el quid de la historia. Ella no podía permitir que él tuviera una querida que no estuviera a su altura (la de ella, por supuesto 😀 )
      Todos podemos hacerlo. Estos se quedan cortos y sin pulir porque estás sujeto a una extensión corta, porque sino, queda demasiado largo.
      Gracias preciosa.
      Besazo

  4. Ajovin

    Terrible, que por ser barbero no puedas tener amantes es terrible, que sus hijas estén marcadas y ya no puedan darse un final feliz es duro de asumir.
    Por eso yo no quise ser barbero.

  5. Arturo

    Dolega:
    Para peor, era el barbero que le había rebanado un pedazo de la oreja al padre de la chica…
    También… ¡A quién se le ocurre meterse con esa gentuza!
    Muy gracioso el cuento, tienes el humor siempre a mano, por suerte.
    Te felicito. Un beso.

  6. Campanilla

    No me hubiera gustado nada ser el hombre de Lino Blanco, teniendo que justificarse y luchando por amor (aunque no estoy de acuerdo con la mentira de la infidelidad)
    ME ha encantado Dolega, es super bonito, estaba super tensa leyendo a ver cuando llegaba el desenlace!
    Un besito!

  7. madreymas

    Y a la madre no le dio un patatús cuando vio que los zapatos y el impecable traje del mamarracho se llenaban de sangre? Porque para mí que sufría algún trastorno obsesivo-compulsivo…

    1. admin

      Por supuesto que no, la infidelidad la dá por descontado. Es la humillación pública de que su marido tenga una amante “low cost” jajajajaj
      Besazo

  8. Marga

    Qué asco, una amante sin clase, sin pinta, sin renombre. Ah no, el mio se elige una marquesa o acaba así. Eso sí, en el patio, porque en el salón de mi madre, cargándole la alfombra, me mata… y acabo acribillada al lado del difundo de mal gusto.
    Bien merecido.
    Buenísimo cuento.

  9. Piruja

    Hola dolega, caray con la dichosa Alicia, y no creo que fuese todo el enfado por que tuviese el marido una amante, sino porque era la hija del barbero, osea gente digamos pobre y eso pues no podía ser, de hay la humillación de ella, vamos digo yo:)
    Muy buen relato que me ha gustado mucho, aunque lo de matar al marido es tonta, que lo mande a paseo y que se busque ella otro:), felicidades por el relato.

    Besos.

  10. Moneypenny

    He visualizado tanto la ropa de los personajes como la habitación. Vamos….que mientras lo estaba leyendo veía la escena perfectamente!!

    Oye! ¿seguro que la hija de Teófilo no está embarazada? 😀
    No estaría mal para la parte II………
    Magnífico relato, me ha gustado mucho!

    Besos

    1. admin

      No querida, la embarazada es la amante de Leonardo. Ahora tendrán que ver qué van a hacer con el bebé, porque será niño y un heredero es un heredero en esos parajes…
      Veremos qué pasa
      Besazo

  11. Alterfines

    Es decir, que al final se trataba, como sucede a menudo entre las clases sociales elevadas, de un problema de aparicncias… Cachis, la mar; mira que no elegirla conforme a las especificaciones del ‘Libro de Familia’… ¡Qué error funesto!

    Hermoso relato, jefa. Un abrazo.

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