El delicioso placer de no hacer nada

Ayer era día libre, ese último cartucho que dejas hasta final de año para sentir que todavía tienes la oportunidad de ignorar el despertador un lunes, salir a la calle con una sonrisa a destiempo y pasear sin rubor a la una y media de la tarde.

Salimos a no hacer nada, como dos irresponsables, dejando una lavadora puesta, sin rumbo fijo y sin planes definidos.

Caminamos por donde nos apeteció, comimos donde nos alcanzó el hambre y discutimos todas las veces que nos dio la gana. Con la neurona totalmente relajada, igual veíamos una iglesia que entrábamos en una tienda a comprar un regalo de navidad con la débil justificación de “voy a aprovechar ahora que seguro después no lo encuentro”. Así fue pasando el día entre calles soleadas, con el ánimo mecido por el suspiro de la tranquilidad y ese egoísmo adolescente que nos vuelve a visitar cuando ya peinamos canas y hace que se nos olvide todo aquello que no sea disfrutar del momento y de nosotros mismos.

Ayer no éramos los jóvenes que salíamos a consumir el tiempo frenéticamente, sin descanso, apurando hasta el último segundo de libertad y desenfreno que se nos brindaba entre examen y examen, ni los que veíamos amanecer con las luces de la ciudad al fondo y desplegábamos nuestras mejores técnicas de camuflaje y sigilo para llegar a casa consiguiendo pasar más desapercibidos que una ligera brisa mañanera. Mucho menos los que, cuando lográbamos que nuestra cabeza se bajase de la noria enloquecida en la que estaba montada y poníamos nuestro cuerpo en vertical después de cuatro o cinco horas de sueño, estábamos listos para responder con un lacónico y estoposo “nada” cuando se nos preguntaba qué habíamos hecho la noche anterior. No, ayer no éramos esos.

Ayer éramos unos venerables integrantes de la tercera edad que hacíamos prácticas para ir tomándole el pulso a las toneladas de tiempo libre que avistamos en el horizonte, con algún que otro achaque físico por la edad y varios achaques psíquicos por la experiencia, cogidos de la mano mientras nos recriminábamos defectos ancestrales.

Ayer éramos los que, después de muchos años, podíamos despilfarrar calma y relajación porque las bofetadas de la vida ya nos han enseñado que salvo dos ó tres cosas, el resto no merece ni tu taquicardia ni tu desvelo y así, con el ánimo tumbado en la hamaca de la pachorra, llegábamos a casa cargados de paquetes que escondimos cuidadosamente y tendimos esa colada que dejamos por la mañana de forma irresponsable.

Éramos los dos vejetes en pijama que, cuando llegaron los chicos de trabajar duro para seguir contribuyendo al progreso del país y  preguntaron qué habíamos hecho durante todo el día, contestaron con un tranquilo “nada”.

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28 pensamientos en “El delicioso placer de no hacer nada

  1. Mi Álter Ego

    Jajajaja. Y lo bien que sienta no hacer “nada”. A mí todavía me queda algún día libre este año y no veo la hora de que lleguen. Cada día que pasa estoy más vaga, la verdad. A ver si me toca la lotería o algo. Jajajaja. Besotes!!!

    1. Dolega Martín Autor de la entrada

      ¡¡¡jajaja Si te toca avisa!!!
      Eso días sueltos son fantásticos, en serio, es como el paréntesis perfecto. Disfrútalos 😀
      Besazo

  2. Genín

    El caso es que lo pasasteis bien, eso es lo que importa, yo me he vuelto un experto en no hacer nada, bueno, nada mas que lo que quiero hacer, en fin, vale… digamos que casi… :)
    Besos y salud

    1. Dolega Martín Autor de la entrada

      Yo de mayor quiero ser como tú Genin, en mi ranchito, haciendo lo que me dé la gana. No necesito grandes cosas, solo tranquilidad y tiempo para disfrutar. 😀
      Besazo

    1. Dolega Martín Autor de la entrada

      Creo que no somos los mismos en las formas, pero en el fondo somos bastante iguales 😛
      Ahhh el gran Neruda. Me encantan sus poemas
      Y sí, sienta muy bien no hacer nada de vez en cuando 😀
      Besazo

  3. Estresada

    Querida:
    Tengo un grave problema que seguro que tu entiendes y me ayudas a resolver.
    Señoresposo se jubila, no sé si estamos preparados para esos plácidos paseos de no hacer nada, y sobre todo, no sé si estamos preparados para hacer las cosas que hay que hacer antes de no hacer nada.
    Me estresa tanto hacer. Escribir tanto hacer también.
    Esperó su sabio consejo, un post que me ilumine, o un secuestro de unas horas a la semana.
    Mil gracias,

    1. Dolega Martín Autor de la entrada

      Ufff eso tiene más de un post ehhhh.
      Prometo hacerlo.
      Yo lo que haré cuando la cosa ya sea inminente será hacer algún pacto de sangre ó similar.
      ¡¡¡No lo dejes colonizar la casa!!!!
      ánimo, mucho ánimo y arrobas de paciencia y hazle jurar sobre la biblia ó su novela favorita la inscripción en el polideportivo de su barrio a un mínimo de tres actividades a la semana.
      Piensa que en el fondo son como niños y las extraescolares le vienen de miedo 😛
      Besazo doble, hermosa

  4. Covadonga

    ¿¿¿Tercera edad??? anda que no te queda aún para llegar a eso!!!! todavía te queda muuuuchooo que hacer antes de decicarte por completo a la contemplación de obras y paseos sin reloj. Eso sí, disfruta de esos días que puedes dedicarte a no hacer nada.
    Besines

  5. Piruja

    Hola dolega, pues hicisteis muy bien en disfrutar de ese día sin hacer “nada”, ademas si no son planeados son los mejores al menos a mi me pasa eso:), ahora lo que no hago yo es dejarme la lavadora puesta, una vez estando en casa se prendió fuego la lavadora, vaya susto me di, imagina si me voy…, desde entonces no me voy dejándola puesta:), bueno pero a lo que vamos, seguir disfrutando de esos días y cada momento que eso es lo que nos llevaremos, ah!! y para nada de la tercera edad, pero si acabamos de cumplir los 20:)

    Besos.

  6. Pilar

    Un delicioso “nada” que lo implica todo, una sencilla forma de explicar la vida más allá de todo lo que nos cobran por ello.
    Un saludo (con cierta envidia, no creas)

  7. Aranae

    El paseo por aquí me ha resultado muy ameno.

    Me ha gustado muchísimo esta entrada, Dolega, por lo bien escrita y porque dejas mucho que hacer a la mente… a esa que piensa tanto, le has dado trabajo.

    Muy bueno de verdad.

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