Claudia, la rana que no se quería casar

Hola, yo soy Claudia.
~ Little frog
Como verás, soy una rana preciosa. Soy coqueta y vivo en un lago cristalino que tiene su propio manantial. Tengo amigos por doquier, soy muy popular entre todos los animales del lago porque siempre estoy de buen humor y me gusta mucho ayudar a los demás.

Mi vida era feliz y relajada hasta que vino doña pata y me dijo que me tenía que casar.

Doña pata es muy buena amiga, es divertida, siempre cuenta historia interesantes y goza de muy buena reputación. Así que cuando me dijo eso, me lo tomé muy en serio porque Doña Pata no dice las cosas porque sí.

Entonces empecé a pensar seriamente en que tenía que encontrar el compañero perfecto para casarme con él.

El caso es que yo nunca había sentido la necesidad de casarme como Doña Pata, que llevaba 20 años felizmente casada con Don Pato; O Doña Coneja que estaba casada hacía solo dos años y tenía ya 23 gazapos. Ni siquiera como Doña Gallina, que iba por su quinto marido porque era muy exigente y enseguida se divorciaba y volvía a enamorarse perdidamente.

Pero Doña Pata tenía razón, debía encontrar un compañero y formar una familia. Así que me puse a pensar en todos los animales que podrían estar interesados en mí.

Empecé a imaginarme al cerdo, al caballo, al gallo… y cuando se lo comenté a Doña Pata, ella gritó al instante:

-¿Estás loca?. ¿Es que has perdido la cabeza?

Me miró fijamente a los ojos y me dijo de manera enérgica:

-Eres una Rana, una Rana ¿te enteras? No puedes andar casándote con animales de otra especie.

Entonces empecé a pensar en todos los sapos que conocía y que muchos de ellos, habían estado pretendiéndome…Pero ninguno resultaba lo suficientemente interesante y atractivo como para embarcarme en la aventura del matrimonio.

Me sentía muy mal, porque no encontraba solución a mi falta de entusiasmo por el tema y empecé a estar triste y sin ganas de pasear y divertirme como antes.

Mientras tanto, Doña Pata seguía insistiendo en que tenía que hacer algo:

-¡Claudia, piensa que el tiempo se va pasando. Y cuando te quieras dar cuenta ya nadie querrá casarse contigo!

-Claudia, tienes que formar una familia pronto, porque sino después estarás sola, repetía.

Pero yo no entendía por qué tenía que cambiar mi vida. Me gustaba mucho estar así y no veía la necesidad de modificar nada en ella. Era feliz, tenía muchos amigos y cuando quería estar rodeada de crías, me iba a la casa de Doña Coneja y allí conseguía cuidar a todos los pequeños que quisiera.

Pero Doña Pata era implacable y en cuanto me veía  venía corriendo a intentar convencerme con su cantinela.

Un día estaba en el lago muy triste pensando que sería muy desgraciada si no encontraba pronto la manera de que me gustara cambiar de vida, cuando el Señor Mulo se acercó a beber agua.

-Que te pasa rana, te veo muy alicaída últimamente.

-Sí, estoy realmente triste Señor Mulo. Doña Pata está todo el día persiguiéndome para que me decida a casarme.

-Y porque no te decides?

-Pués no lo sé, el caso es que yo estoy agusto así. Pero claro tengo que formar una familia….le conteste angustiada.

-Ah.. pués no sé porque te preocupas.. contestó muy tranquilo. No tienes porque casarte si no quieres. Mira yo no estoy casado y no quiero estarlo y tan feliz que soy. Dijo con una sonrisa.

-No estás casado? Pregunté nerviosa.

-No dijo él

-Y no te sientes solo?

-No, contestó

-Y no te da pena no tener hijos? Insistí

-No, respondió. Aunque me diera pena sería igual, no puedo tener hijos.

-Por fin le pregunté sin rodeos:

-¿Y eres feliz?

Y él me miró con una amplia sonrisa y me dijo.

-Claro que si Claudia, Claro que soy feliz.

La felicidad no está en casarse ó no, en tener hijos ó no, en formar una familia ó no. La felicidad está en poder decidir qué es lo que queremos hacer. Y si tú eres feliz como estás no debieras preocuparte por lo que hacen ó dicen los demás.

Empezó a alejarse del lago y de repente giró la cabeza y dijo

-¡¡¡Y no le hagas mucho caso a Doña Pata, ella siempre intenta organizar todas las bodas del lago!!! Dijo soltando una enorme carcajada.

De repente, sentí que empezaba a estar contenta otra vez. ¡Había encontrado a alguien que también era feliz solo!

Así que llegue rápidamente a una decisión: para desgracia de Doña Pata, por ahora tendría que buscarse otra boda que organizar.

 

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