Amistades peligrosas

Oso Pardo

Un oso iba paseando por el bosque cuando escuchó unos gritos tremebundos.

-¡Auxiloooooo , Auxiliooooo, alguien que me ayude por favooooor!

Los gritos eran tan lastimeros que el oso decidió acercarse al sitio de donde venían las súplicas. Se encontró con una lagartija metida dentro de una enorme zarza sin poder salir por la gran cantidad de espinas y lo intrincado del matojo.

-Espera, que te aparto las ramas para que puedas salir le dijo amablemente el oso.

-¡¡¡Ni se te ocurra acercarte asesino, que lo que quieres es comerme!!!

El oso miró a la lagartija asombrado y le contestó,

-Yo no como lagartijas, como salmones y miel pero lagartijas no.

-ya ya, no me creo nada de lo que dices. Los osos comen lo que tienen a mano, si tienen salmón y miel comen salmón y miel, pero si la comida escasea comen lo que haga falta.

El oso no podía creer lo que estaba ocurriendo. Una diminuta lagartija que estaba encerrada en una cárcel de espinas, estaba convencida de que él, se la quería comer.

– ¿Has pensado la cantidad de lagartijas que tendría que comerme para quedar mínimamente saciado, que interés voy a tener en comerte? Le preguntó el oso sorprendido.

-Que no, que no me vas a convencer Oso, que conozco a los de tu clase. Que mucho te ayudo, mucho no te preocupes y en cuanto te descuidas ¡Zas! Acabas de aperitivo de animales como tú.

El oso se dio media vuelta tranquilamente y se alejó del zarzal diciendo:

-Bueno pues nada, ahí te quedas metida y no temas que no voy a hacer nada para ayudarte…

El oso se alejó definitivamente del lugar mientras oía a la lagartija empezar otra vez con sus gritos pidiendo auxilio y reclamando ayuda.

Al cabo de unos cuantos días volvió a pasar el oso por el zarzal y se acordó de la lagartija. Se asomó y vio a la lagartija que estaba recién muerta, boca arriba en el mismo sitio donde estaba cuando él estuvo allí.

Un sentimiento de culpa le invadió pensando que tenía que haber hecho oídos sordos a las tonterías de aquella insensata y haberle salvado la vida. Y entonces desde lo alto de un árbol cercano, escuchó que un mirlo le decía:

-No te sientas culpable, después de ti vinieron muchos a tratar de ayudarla pero ella siempre decía que se la querían comer y rechazaba su ayuda. Pasaron el tigre, el elefante, la jirafa y muchos más y ella todo el rato decía lo mismo y pasaron los días y como no podía comer ni beber acabó muriendo…

-¿Y tú como sabes todo eso? le preguntó el oso

-Porque he estado con ella todo el tiempo y mientras tanto la animaba y le hacía compañía. Contestó el mirlo.

-¿Pero porqué no le trajiste agua y comida y se la tiraste dentro de la zarza? Le preguntó el oso en tono contrariado.

Y el mirlo contestó tranquilamente:

-Porque a mí me gustan mucho las lagartijas, pero muertas. Y descendió a la zarza separó delicadamente las ramas con su pico, cogió el cuerpo recién muerto de su presa y se lo comió.

 

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