Vamos a contar mentiras

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Hoy actualizo el blog más tarde de lo que me he impuesto como disciplina diaria porque he tenido que salir a hacer cosas pendientes. Entre ellas, ir al supermercado, si ese super del “voy por pan y leche” y son 30 euros del ala.

El caso es que cuando estoy sumida en el conocido pensamiento del: “sé que se me olvida algo pero no sé que es y me voy a acordar cuando vaya camino de casa”, siento que me tocan en el hombro, me giro y me encuentro con una conocida que hacía bastante tiempo que no veía. Me saluda efusivamente me pregunta por toda la familia y cuando estoy dispuesta, sin muchas ganas a contestar, me empieza a desgranar su vida y sus milagros en los últimos tiempos.

Ya que he sido interrumpida en mi pensamiento y no me voy a acordar de qué demonios se me olvida comprar, me dispongo a escuchar su entusiástica historia y voy detectando incongruencias, y mentiras por doquier (vivo en un pueblo pequeño y todo se sabe) y empiezo a sentirme como conejillo de terapia. Pongo cara de: “huyyy madre que tarde es….” me despido lo más educadamente posible y salgo corriendo a la caja a pagar y renuncio definitivamente a acordarme qué demonios se me olvida comprar, consciente de que cuando llegue a casa me acordaré.

Salgo del supermercado y empiezo a preguntarme qué nos impulsa a mentir sin motivo. Y que conste que también me meto en el saco porque alguna vez me he sorprendido haciéndolo.

Mentir gratis: soltar una sarta de mentiras sin que nadie nos haya preguntado nada. Así, como suena.

¿Que nos impulsa a ello? ¿Por qué sin razón aparente nos embarcamos en algo tan inútil?

Creo que es básicamente por dos razones:

La primera porque estamos convencidos de que el resto de la humanidad sabe de nuestras interioridades y lee nuestros pensamientos más hondos, así que si hoy nos hemos levantado especialmente tristes ó tenemos un problema en casa pero no nos apetece que nadie se entere, en cuanto nos encontremos con alguien le soltaremos el rollo de lo feliz que estamos sin pensar que a nuestro interlocutor le importa un pimiento nuestro estado de ánimo porque tampoco sabe, cómo nos sentimos en ese momento, con lo cual le estamos engañando de manera gratuita.

Y la segunda es que algunas veces utilizamos a los demás para lanzarnos mítines a nosotros mismos. Me explico, de vez en cuando notas que la persona con la que hablas, no te está contando a ti la historia, no te está hablando a ti, sino a ella misma. Lo dice, razona, se explica, vuelve a razonar… Y tú estás allí sintiéndote más que nunca conejillo de terapia y pensando “espero que después de semejante retahíla se quede satisfecha…” así que si era el día de contar mentiras para subir autoestima, pues nada que te ha tocado a ti que estabas por allí en el super gastándote 30 euros en comprar pan y leche y…

¡Mierda! Arroz era el maldito arroz.

Dolega

 

 

 

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8 pensamientos en “Vamos a contar mentiras

  1. Maha Lub

    hahahaha!!! la segunda opción me encaja más……. cuando me encuentro con alguien así le sigo el juego y le suelto trolas todavía más gordas, me lo paso bomba!!!!!!!!!!
    el pan y la leche están prohibitivos últimamente, a este paso será mejor comprarse una vaca y una maquinita de hacer pan del lidl 😉

  2. Luis

    Jajajajajjaaja, el arroz!!!!!!!!!

    Que bueno, porque siempre que vas a por dos tonterías casualmente siempre llevas cualquier cosa menos lo que ibas a buscar…

  3. Yrum

    ¡Hola dolega! convencida estaba de que había entrado en tu blog, pero al ver que no recibia aviso de ninguno de tus post me he dicho ¿cómo? vamos palla. Y aquí estoy, y creo que no he entrado en tu blog antes, ¡maldita cabeza!
    Me parece que eres una bonachona y me explico, no es que lo que dices no suceda a veces, pero desde mi punto de vista lo que quieren es mentirte abiertamente, aparentar lo que no son y hacer ver que tienen lo que no tienen, unos para causar envidia, otros porque su vid ano vale ni la saliva que gastan en contarla y otros porque lo hacen por costumbre.
    Miércoles, el arroz, también se me olvido a mí.

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